Escribía en cualquier papel sus pensamientos, montones y montones de papeles le rodeaban, notarios de su vida y sus deseos, pero mudos ante sus preguntas… En ese preciso instante, ¿de qué servía escribir tanto si no encontraba la maldita lista? ¿si era incapaz de descifrar, traducir y digerir tanta energía escrita…? Los encontraba bellos, espontáneos y muchas veces inútiles… Por Dios, dónde la había puesto…? La lista… la de la compra. Virginia
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